El mayor sentido que se le puede dar a vida. – Cartas a mi mismo II

Hace dos años, en plena pandemia me preguntaba «¿Cuál es el mayor sentido que le puedo dar a mi vida?» esto porque evidentemente al estar recien egresado, desempleado y sin ningún plan en concreto (y para acabarla de chingar con la pandemia), la ansiedad, depresión e incertidumbre era intolareable. Fue una etapa oscura en la que los pensamientos más dañinos venían a mi a diario.

Les dejo este ensayo, el segundo de tres ensayos sobre temas del sentido de vida, razones para vivir y depresión.

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28 de junio 2020

¿Cuál es significado máximo que le puedo dar a mi vida?

Es la pregunta que he tenido en mente desde hace mucho, puesto que no comprendo que es lo que está sucediendo.

Es como si en este momento estoy en la búsqueda de una puerta o tengo los ojos vendados. Tal vez sean las dos cosas ¿Quién sabe? Es algo que no lo puedo notar… o no quiero notarlo. Sinceramente es muy real lo que siento, la energía, el impulso, el miedo y la atracción en mi ser que busca y huye de lo que desea. Es como si mi vida en este momento fuera un imán. Esa energía genera aversión y deseo a mis sueños y objetivos. Cómo si ambas fuerzas coexistieran en el mismo espectro pero con direcciones opuestas.

Me gustaría tener respuestas claras pero me es insuficiente. La realidad me es insuficiente… La realidad es aquello que percibo, lo que vivo día con día y lo que obtengo de lo que hago… ¿pero por qué me es insuficiente?

¿Qué es en realidad lo que me hace cuestionarme y decir que no me gusta lo que estoy experimentando? ¿Se trata de un deseo que no puedo cumplir? ¿Un miedo no identificado? ¿El compararme con gente a la que no le importo? o peor… el hecho de que exista una gran cantidad de personas que no les importa su vida ni la mía. No lo sé, es una pregunta complicada a la que no tengo respuesta.

Anhelo tener certeza de mis metas y objetivos. ¡Y a diario me quiebro la cabeza! ¿Cómo se obtiene la certeza?

¡EUREKA! ¿Por qué pienso en los demás?

La certeza no la puedes obtener de las cosas externas, pero puedes obtenerla desde tu interior, desde tus deseos y objetivos. Si tienes un objetivo lo suficientemente fuerte pues te conviertes en un ser inamovible e indetenible porque estás alineado con un propósito.

¿De donde se saca esa energía interior? ¿Es que necesito un propósito trascendental? Procurar el bien, acabar con el sufrimiento y dejar el mundo un poco mejor de lo que lo recibí. Es muy general pero en un contexto de incertidumbre creo que esa es la única certeza que puedo tener. Algo así como un principio guia en la que no importa que tan insignificante sean mis acciones. El hecho de actuar con base en esa intención ya es un logro.

No puedo predecir el futuro, no sé ni siquiera que decidir para resolver mis problemas. Pero aunque sea una paja mental, si puedo definir ese objetivo cursi y genérico por lo menos voy a sentirme fuerte y con la esperanza de que mi futuro será mejor.

Parece ridículamente obvio, pero con ese objetivo en mente se traduce directamente a un camino a una situación mejor. Es decir, estás activamente buscando un mejor futuro.

Bueno, lo entiendo hasta ese punto. La siguiente cuestión es… ¿Cómo puedo mentalizarme a eso? ¿Cómo le hago para decir «estoy creando un futuro mejor»? ¿Cuáles son las acciones concretas que tendría que hacer para tener ese «futuro mejor»?

Creo que es imposible hacerlo desde el deseo egoísta. Ese egoísmo no motiva lo suficiente porque se enfoca totalmente en lo inmediato, en el presente. Dedica sus esfuerzos a centrarse en el ahora para en un único momento sentirse mejor. El egoísmo es el objetivo externo que frustra y desgasta.

Alimentar el ego es hedonismo desmedido con sus consecuencias. El mañana va a llegar y como un universitario en una borrachera antes de un examen las acciones del pasado le terminarán pagando factura. ¿Pero qué si ese examen no le importa? ¿Qué si no le interesa reprobar? Tristemente común entre los seres humanos; a muchos no les importa ese examen, ese futuro, porque el futuro para ellos no significa nada. Te tiene que importar. Si el futuro no significa nada para ti menos te importará el presente.

No te va importar esa meta o el futuro porque ni siquiera lo concibes. En tu presente no existe y la única forma que te queda de sanar un presente horrendo es a través del egoísmo… aunque eso te meta en el infierno: un eterno presente de placer y deseo del que no puedes salir hasta que estás acabado. Todo esto a raíz de que no tomaste acción para mejorar tu presente y hacer algo ¡por mínimo que parezca!

Entonces, yo te pregunto ¿Qué acción concreta puedes hacer para mejorar tu vida? Es normal que le tengas miedo a tu futuro, también es normal que lo anheles. Tomando el ejemplo del magnetismo, el futuro es ambas cosas: es muy bueno y muy malo. Así como la superposición de partículas, como el gato de Schrodinger. Experimentas ambas emociones porque de tu presente depende como será ese futuro. El futuro es bueno y malo, de ahí que la gente le tenga esperanza y miedo a la vez. 

Entonces para eliminar esa incertidumbre y darle certeza, puedes materializar la esperanza y fe en acciones. Aunque no lo conozcas a detalle sabrás que te irá bien porque es lo que estás construyendo. Caso contrario con el egoísmo. Evitas pensar en el futuro porque sabes que será malo. Y no porque exista el Karma precisamente, o porque Dios te castigue, sino porque tú, en el presente dándole rienda suelta a tu egoísmo y placer estás creando un futuro aterrador.

Creo que por eso experimentamos miedo, el futuro es malo potencialmente hablando. El futuro es bueno potencialmente hablando. El futuro es bueno y malo. ¿Qué acciones puedes tomar? ¿O como puedes reenfocar lo que ya haces para caminar a un futuro mejor? Son preguntas personales, preguntas que uno tiene que hacerse. ¿Qué consecuencias pagaré mañana? ¿Cómo sé que aunque tenga miedo hoy llegaré a un puerto seguro?

La incertidumbre es horrenda, pero la puedes resolver conforme se te va presentando. Como un videojuego, nivel por nivel y rival por rival. Sin pensar en todo el conjunto al iniciar.

Creo que tengo que ponerme límites. Hay que plantear bien los resultados. Lo que quiero generar. Mi visión utópica del futuro. Con pequeñas acciones ir mejorando y cambiando las cosas desde tu trinchera. Se puede, porque el futuro no está determinado y si es que lo está, podemos abordar una narrativa que lo cambia. El futuro puede ser mejor.

¿Quieres liberar y liberarte? Ese liberador de mentes que se liberó a sí mismo.  Ese niño oprimido por religiones,  reglas sociales y por la situación política y económica? Siempre lo has sabido. En el fondo, siempre lo has tenido claro bajo toda esa amalgama de ideas, mentiras y emociones en las que te sepultó la sociedad.

Levántate. Renace. Quémalo todo. Qué las cenizas sean tu próximo nido. ¿Qué te dictan las emociones? Déjate guiar por ellas.

Múltiples personalidades, ideas, demonios que te poseen. Fantasmas de siglos atrás que encarcelan a nuestra mente y no nos dejan avanzar. Se necesita liberarse de los grilletes que uno mismo se puso. Sabes muy bien lo que vas a hacer conforme estas letras te van liberando más y más.

Evitar el futuro es huir de tu destino, de lo que eres. Conviértete en un cuestionador de distintas perspectivas y análisis. ¡Que vivan las ideas!

Con el motivo de tus acciones sabrás el camino, a dónde apuntar. No tengo que hacer más. no tengo que tener un plan estricto. No tengo que tener la certeza de cada paso, sino tener la certeza de lo que sé hacer y a dónde quiero llevar ese futuro. Esa es la combinación entre el orden y el caos. La disipación de la entropía en tiempo real. No necesitas saber que hacer, sino porqué lo haces y combinarlo con lo que ya sabes hacer.

Sigue avanzando, que la culpa nace en el presente porque no podemos escapar de la realidad. No podemos escapar de la responsabilidad sobre el futuro. No solo la muerte es certera, que el futuro existe también lo es.

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