Entre el halago y la culpa: cuando el tiempo nos confronta

Hice llorar a mi novia. No sé si sentirme halagado o sentirme mal al respecto. La semana pasada escribí mi entrada sobre Los sueños que no fueron y no serán, y aunque considero que solamente plantea el conflicto de un joven que pierde su juventud poco a poco jamás pensé que fuera tan confrontativo. 

Aquí te dejo la anterior entrada

Tras publicarlo mi pareja lo leyó inmediatamente. Se mantuvo en silencio unos minutos. Pensaba. Me miraba. Contemplaba en silencio el texto en la pantalla.

Para ese momento yo sabía que algo pasaba. Consideré por un momento que haberlo publicado así como así sin poner alguna advertencia pudo haber sido una mala idea.

Tengo la cualidad de ser exageradamente profundo o confrontativo sin percatarme de estarlo siendo.

Para cuando salí de mis pensamientos ya estábamos abrazados. Con algunas lágrimas en los ojos me dijo “Fue como un balde de agua fría”. 

“Tantas cosas que había querido hacer en algún momento y tantos rodeos para terminar haciendo otras que me impedían hacer lo que realmente quería.”

Finalmente, me tocó hacerla de psicólogo. Y también darle un cierre a mi anterior entrada ya que al no proponer nada para solucionarlo puede ser deprimente.

Sucede que, efectivamente es un golpe de realidad aceptar que el tiempo se te fue y no volverá. Pero a la vez (hablando por mi) te da una sensación de urgencia muy útil para avanzar.

Y es que ahí está el truco. La sensación de impotencia, de no poder hacer lo que todo lo que quieres le da significado a todas las adversidades.

Yo lo veo como una lucha contra la muerte. Evidentemente no le puedes ganar. No puedes ganarle al tiempo. 

Y ahí es donde radica el significado de hacer las cosas que tienes en mente. Porque es mejor avanzar que quedarse estancado. No hay otra forma. 

No puedes hacer todo todo el tiempo. Tienes que elegir. No puedes abandonar todas las responsabilidades. Claudicar y distraerte es una opción, la otra aferrarte aún sabiendo que “no puedes hacer todo lo que quieres”. Solo puedes hacer lo que puedes.

Créeme que vale más hacer lo que uno puede y que lo quiere. Porque detrás de eso hay un sacrificio y eso lo llena de valor y significado.

Ahí estás priorizando y enfocándote. Ahí puedes ganar, hacer poquito, unos minutos al día. Una vez a la semana, una vez al mes. 

Esa es la victoria. Aunque pudiera parecer insignificante, con ejecutar te demuestras que puedes hacer las cosas. Aunque el resultado externo no es lo que quieres, a nivel interno reafirmas que no te rindes, te da confianza y tu autopercepción cambia.

Recuerda que como es arriba es abajo, adentro es afuera. Te aseguro que haciendo eso no sentirás que desperdiciaste el tiempo.

(Nota, aquí termina lo práctico. Este es mi comentario metafísico).

Y así es como le ganas a la muerte. Haciendo las cosas. La única forma de ganar es habiendo dejado tu huella en la eternidad. Te pueden quitar todo. El tiempo, la vida, los recuerdos y a todos tus seres queridos. 

Porque algo que jamás va a poder “borrarse” fue que sucedió. Lo hiciste. Aunque la muerte traiga el olvido, ni ella misma puede borrar el pasado.

En fin, gracias por leer. Nos vemos la próxima semana.

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