La generación actual no es más frágil, sino la primera en enfrentar una libertad sin guías claras, en un mundo donde las estructuras tradicionales han colapsado y las promesas del progreso ya no se cumplen.
“¡Son una bola de resentidos, nunca les costó nada por eso esta Generación de Cristal es la peor de todas!” todos lo hemos escuchado alguna vez. Son comunes los comentarios de que la sociedad está en decadencia por las ideologías y formas de vida de esta generación.
Sin embargo, reducirlo a términos como “generación de cristal” es un error porque caricaturiza e ignora los problemas reales. El hecho de que se use un término peyorativo con relación a la fragilidad y debilidad solo reproduce ideología y una visión sesgada.
En este ensayo quiero hablar de los conflictos generacionales, los problemas que vive esta generación y de sus crisis de identidad, las cuales son incomprendidas por otras generaciones y de donde nacen los juicios sobre qué deberían o no hacer.
Sospecho que estos comentarios parten de la idea de que quien lo dice “sabe” como vivir. Sin embargo, haber vivido no garantiza ‘saber vivir‘, mucho menos otorga una autoridad para imponerlo. Ese tipo de cuestiones ni los grandes filósofos socráticos se tomaron a la ligera.
Ojalá existiera una “receta” para vivir, una guía o un camino. Lo que Kierkegaard llamó ‘vértigo de la libertad’ hoy se multiplica: no solo tenemos que elegir un rol, sino que debemos inventarlo frente a un escenario sin guión.
Creo que para las generaciones anteriores les es más sencillo apelar a un camino “tradicional” porque cuando crecieron ¡Sí había un camino trazado! El tema de “el camino tradicional” es bien interesante porque a lo largo de la historia ha ido cambiando.
AUGE Y CAÍDA DE LOS MODELOS DE VIDA TRADICIONALES
Durante siglos las sociedades preindustriales estaban “destinadas” a seguir con los oficios y la tradición familiar. No había elección, solo un orden divino. Un rey elegido por Dios y un pueblo subordinado. Un dogma religioso incuestionable, sin alternativa.
Esta realidad fue trastocada en la modernidad, la ilustración y la revolución industrial. Para esta primera generación de la modernidad, su camino fue migrar a la ciudad para mejorar su vida significativamente.
En la segunda modernidad, los hijos de esa primera, tuvieron acceso a estudios y empleo. Un abanico de profesiones y educación antes inaccesibles. La ruta era clara: comprométete con un empleo, haz carrera y jubilate.
Persistía el “deber ser” y el camino trazado. Existía una ruta con resultados garantizados. Si bien estas generaciones estaban más limitadas en otras decisiones más personales, no existía una angustia tan abrumadora al decidir un camino o identidad.
DEL CAMINO RÍGIDO A UNA LIBERTAD SIN ESTRUCTURA
Lo positivo de esa libertad, es que fue algo que la humanidad buscó, representación democrática, su derecho a votar, mejores condiciones laborales, igualdad de oportunidades, menos dogmas religiosos, expresión a través del arte y la música.
Pero la libertad en sí no es identidad. La sociedad abandonó la identidad basada en un orden dado: religioso, familiar, social y moral y pasó a la identidad meritocrática y de consumo.
La juventud actual conquistó el ideal de ‘ser lo que quieras ser’, pero a cambio enfrenta una crisis existencial y espiritual sin precedentes, agravada por la publicidad, el consumo y la hiper individualización
Si ya no hay un orden dado, tu das el orden. Solo tienes que esforzarte para tener lo que quieras: La realidad ya no era lo que era, ahora es lo que quieres que sea. Las primeras etapas de la meritocracia (todo depende de ti).
Por eso entiendo de dónde nace esa apelación de otras generaciones al “camino seguro”, roles tradicionales y esa arrogancia de decir qué hacer. El problema es que ese mundo y ese camino ya no existen.
Esta libertad sin estructura nos dejó sin mapas claros. Pero no sin expectativas. De ahí nacen las nuevas formas de presión, como la meritocracia…
LA MERITOCRACIA COMO IDENTIDAD
La promesa de la modernidad está rota. El camino dejó de importar, nunca habíamos sido tan libres de elegir pero tampoco habíamos estado tan limitados para ejecutarlo.
Mencioné la meritocracia y el consumo y quiero tomarme el tiempo para hablar de cada una, para analizar lo que generan, los problemas que afectan a esta generación y cómo se relacionan.
En la modernidad existía un menú, y si no lo seguías sabías de quién era la culpa de tus resultados. Esto era la meritocracia, si sigues el camino y tienes resultado: te lo ganaste. Pero en comparación, hoy el menú ya no existe, no hay nadie a quien reclamar más que a ti mismo… ¿o si?.
El sesgo que tiene la identidad meritocrática es que sirve para justificar la esperanza de mejorar 100% por tu cuenta. Y a la vez, justifica y oculta los problemas de ver el consumo como virtud. Porque en este sistema, consumir lo que otros no pueden aumenta tu prestigio. Demuestra que te esforzaste más, que te lo ganaste.
Por eso quien va ganando privilegios y beneficios, los normaliza. Se convierte en el consumidor que ganó el juego, quien no tiene por qué interesarse en problemas ajenos. Y a pesar de esto sigue sin identidad real, solo es un consumidor.
Sin embargo, son esas “fuerzas invisibles” que no se ven las que definen mucho de lo que somos. Por ejemplo, no importa a que te dediques, tu éxito no sería el mismo si estás en LATAM, USA, Europa o Asia.
El hecho de cambiar el contexto tiene un impacto mucho más profundo que el “echarle ganas”. Por eso, el estadounidense promedio tiene mejor calidad de vida que otros países con poblaciones más educadas.
El lugar y sus condiciones son una gran condicionante, tal vez hasta más de lo que podamos notar. Reconocerlo, además de ser inteligente, es un acto de humildad que evidencia las limitaciones del mito meritocrático.
EL PROBLEMA DEL CONSUMO COMO IDENTIDAD
Ahora, el consumo como identidad, es básicamente un prestigio basado en quién puede comprar más o lo mejor. En el inicio de la industrialización, todos los productos se producían en masa sin ninguna diferencia.
Todos los productos eran iguales, hasta que llegó la atomización de los productos. Ahora ya elegías color, marca, tamaño y cualquier otro tipo de personalización. Ya no eran un objeto de uso, eran un objeto de identidad.
La identidad basada en el consumo exige renovación constante, una trampa en un contexto económico desfavorable. Siempre vas a tener esa necesidad de comprarte algo más caro.
Actualmente es peor con las redes sociales, constantemente la publicidad te induce el deseo de consumir más de lo que es humanamente posible: viajes, ropa, relaciones, personas. Hoy en día un adolescente es expuesto a más anuncios que las generaciones anteriores vieron en toda su vida.
Siempre hay algo más, otro producto, otra experiencia. Y el modelo de redes sociales te muestra que por cada cosa que compras o cada experiencia que tienes, hay una cantidad infinita de experiencias que te estás perdiendo. Esto produce un agobio existencial impulsado por un deseo de consumo infinito.
“Starbucks no vende café, vende experiencias” recuerdo esa frase en cada clase de mercadotecnia. Y tiene razón, y es absurdo ya que lo ves de esta manera. Cuando tu amiga va por su chai latte… ¿en realidad va por una bebida o va para publicar en redes una bebida en un lugar de cierto status?
Y aunque superes la crisis de identidad de consumo, todavía queda enfrentar un sistema económico asfixiante. Si bien en algún momento (y aquí cada quién decide si fue bueno o no) la meritocracia y el consumo sirvieron para mejorar el nivel de vida… hoy parece que los resultados se han estancado.
¿Vale la pena la facilidad de comprar juguetes electrónicos mientras que para alcanzar el nivel de vida de tus padres o abuelos te costará 3 o 4 veces más que ellos en tiempo, dinero, esfuerzo o estudios?
Hoy la persona promedio tiene más estudios y conocimientos que la generación anterior a su edad. La generación más educada de la historia es proporcionalmente la más pobre.
Es una paradoja, es como ir a un supermercado y que te digan “eres una persona libre, ahora puedes elegir el producto que quieras” ves la infinidad de opciones existentes, pero el bolsillo no te permite elegir cualquier cosa. ¿Es realmente libertad o libertad ilusoria?
COMENTARIOS FINALES
Estas reflexiones que escribo están inmersas en las observaciones de mi presente y en lo que he leído del pasado. Creo que son temas complejos, que requieren tomarse tiempo y humildad para reconocerlos.
Hay ideas que nos perjudican y limitan, así como visiones de un mundo que ya no existe. Creo que justamente tenemos que entenderlo y superarlo para apuntar a un mejor futuro tomando en cuenta dónde estamos.
Tengo la esperanza de que poco a poco iremos comentando más estos temas, a la vez que surgen más síntomas de esto. Para mi uno muy evidente es el fenómeno de las trade wives, las pick me girls, los alfas y todo eso de alto valor. Que básicamente ponen en el centro al hombre proveedor.
Si bien tiene connotaciones machistas e idealiza un pasado, demuestra que lo que era el estilo de vida de un trabajador promedio hace 50 años hoy es algo aspiracional, una experiencia que solo personas con cierto status pueden permitirse.
Mientras no veamos que una realidad completamente distinta nos alcanzó, estaremos caminando en un laberinto a ciegas. El primer paso, para salir del laberinto es aceptar que estás perdido. Y a partir de ahí comenzar a buscar alternativas.
Da clic aquí para recibir los textos directamente en tu correo





