Entendí que el tiempo no solo se lleva los años, sino también a las personas que jamás fuimos. Lo peor no es haberlas perdido, sino ni siquiera haber llorado su ausencia.
Esta semana no escribí en domingo porque el cansancio de ir al festival Pal’Norte no me lo permitió. Pero me dio un tema para escribir. Estando ahí, entre la multitud bebiendo y bailando llegué a una conclusión al ver a artistas jóvenes como Trueno y Junior H: que cada vez soy menos un muchacho.
El tiempo pasa exageradamente rápido ¿Dónde quedó la pandemia? ¿Dónde están los antivacunas? y ¿a dónde se fueron las personas que estaban en contra del uso del cubrebocas? ¿Dónde quedó todo ese discurso de que la sociedad post pandemia sería totalmente diferente?
Realmente no sé cómo es que pasó tan rápido el tiempo. Y es así. Cuando inició la pandemia tenía 23… hoy ya voy para 27 y estos tres años se pasaron rápido como un parpadeo. Entre trabajo y compromisos el tiempo se pasa volando.
Además del transcurrir del tiempo. Lo peor fue darme cuenta de que la juventud se va. No estoy viejo, pero en este momento soy lo más joven que seré por el resto de mi vida. Ver a artistas jóvenes de 21, 22 o 23 años hace cuestionarme el uso que le doy y le di al tiempo. Sobre todo porque hace tan poco unos años estaba en ese rango de edades.
Veo a estos artistas jóvenes a mis 26 años y se me hacen unos muchachos. Es realmente increíble el nivel de exposición que alcanzaron a tan corta edad. ¡Realmente es ridícula la probabilidad de tener ese nivel de éxito a tan corta edad!
Esto es lo que pienso hoy. Pero cuando tenía 13, 14 o 15 años y veía artistas de 20 años para mi era algo aspiracional. Eran adultos realizados y un ejemplo de lo que se podía hacer a esa edad. De alguna manera un tipo de esperanza para mi vida porque eso es lo que representa una persona que admiras.
Los años pasan y la perspectiva cambia. Analizar 10 años de vida es diferente a tus 16 que a tus 26. A los 16 mi perspectiva iba hasta los 6 años (rango donde en su mayoría sigues siendo un niño). Pero el analizar 10 años de vida desde los 16 a 26 es muy diferente porque ya viviste y tomaste decisiones con mayor responsabilidad.
Por eso me resulta ridículo como un muchacho que hace 10 años tenía 12, hoy goza de mucho más éxito del que seguramente tendrán muchos músicos de mayor edad, trayectoria y conocimiento. Es básicamente un milagro y despierta en mí un genuino respeto.
Pero también me da vértigo y me lleva a un callejón de terror. Como todo adolescente, alguna vez me identifiqué con artistas en sus 20’s. Era un niño que se atrevía a soñar con una versión de así de si mismo en el futuro. No necesariamente ser famoso pero si alcanzar algunas metas increíbles para esa edad.
Pero ya no es posible. Supongamos que a los 15 haya querido ser fotógrafo porque vi a una persona de 22 realizar sesiones sublimes. Hay 7 años entre esas edades, parece tiempo suficiente para conseguirlo… si aprovechas el tiempo.
“Soy jóven, tengo tiempo para aprender” te repites hasta llegar a los 22 y dices: “bueno, aún puedo aprender, estoy a tiempo”. De repente se te atraviesa una pandemia y “oh, ya tengo 25 pero está bien aún puedo aprender, sigo siendo jóven”…
Un momento después dices “ALV, estoy mas cerca de los 30’s que de los 20’s y no he hecho tal cosa”. Te consuelas, “bien, probablemente viva 80 años, aún tengo 53 años para aprender a hacerlo…”
Sin embargo, te acuerdas de ese muchacho de 15, con el sueño de ser fotógrafo. Reflexionas que aún puedes aprender, pero nunca vas a cumplir el sueño de haberlo hecho a los 22.
Y al ver que ya no eres aquel muchacho te percatas que dejaste morir a una versión de ti que no fue y jamás será. Esa versión de ti de fotógrafo a sus 22 nunca existió y ya nunca va a existir.
Inclusive si iniciara el día de hoy jamás seré igual de bueno si hubiese iniciado a mis 15. No sé si hubiera sido millonario o el fotógrafo más reconocido de México. Pero de lo que sí estoy seguro es que sería mejor tomando fotografías de lo que soy hoy.
Fue duro darme cuenta de las muchas procrastinaciones que he hecho en vida. Con los años empiezan a pesar y cada año se van volviendo más y más pesadas. Además de que ese tiempo las van aderezando con culpa.
¿Quién no tuvo tiempo para iniciar un proyecto nuevo en la pandemia? ¿Quién no desperdició las tardes regresando de la escuela o la universidad? ¿Quién no desearía después de haber tirado el tiempo en actividades banales tener un poco más de tiempo para dedicárselo a un hobby?
Esta reflexión me agüitó, me confrontó con el tiempo de vida que tengo, lo que me queda por hacer y lo que me falta. Sobre todo, por lo que no hice y ya no podré hacer en mi juventud.
A pesar de la cachetada de realidad creo que darme cuenta en este momento, es mejor que darme cuenta a los 40, 50 o 60. Como dijo el Babo, “no sé si hubiera podido ser quien soy sin haber sido quien fui”.
Los sueños que no fueron me van a acompañar de ahora en adelante, así como esas decisiones postergadas y oportunidades desperdiciadas. El tiempo quita todo y aunque no se puede recuperar el tiempo perdido. Si se puede valorar más, usar más y dejar de lado todo lo que no importa. Que con 10 años ya me doy cuenta de que es lo que vale la pena y lo que no.
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¡Gracias por leer!

De hecho hay un poema de Pessoa que lo explica
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¿Qué poema es?
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Tabaquería.
Todo el poema no tiene desperdicio, pero por destacar algo:
<>
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Creo que no se mando el fragmento, aquí de nuevo (Por si acaso)
¿Qué puedo saber de lo que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser esas mismas cosas que no podemos ser tantos!
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Buenísimo!
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